HEREJÍAS
DE TODOS LOS TIEMPOS
¿Cuál es la diferencia entre herejía y blasfemia? Quienes cuestionan los dogmas establecidos, ¿pueden cambiar la historia? Rebeldes, iconoclastas e iluminados, desde Juan Calvino hasta Marilyn Manson.
Por María Cristina Longinotti | Photoshop: Fernanda Mel. Fotos: CEDOC.
¡Al
fuego, al fuego!
Galileo
Galilei (1564-1642), defensor de la teoría
heliocentrista de Nicolás Copérnico
(1473-1543), fue conminado por el Santo Oficio a retractarse.
Cuando Charles Darwin (1809-1882),
médico y creyente inglés, lanzó
la teoría de la evolución, el clero lo
atacó duramente. Peor lo había pasado
Giordano Bruno (1548-1600), filósofo
y astrónomo dominico que –por sus heterodoxias–
acabó en la hoguera.
Toda religión, al nacer, toma creencias de las precedentes.
El Cristianismo surge naturalmente del Judaísmo, y el Islamismo,
de ambas. A su vez, el protestantismo pretendió “reformar”
el catolicismo y terminó constituyendo diferentes iglesias.
¿Acaso todas las nuevas religiones comienzan siendo una herejía?
Si es así, ¿qué se entiende por herejía?
“Error en materia de fe, sostenido con pertinacia”, dice
el diccionario. Si el núcleo básico de creencias del
protestantismo es idéntico al católico, ¿son
tan divergentes Protestantismo y Catolicismo? ¿Qué transforma
a una herejía en otra religión? No queda más
remedio que admitir que es el éxito. Jesucristo fue un hereje
para los judíos y por esa causa condenado a muerte; pero su
prédica echó raíces con tal fuerza que no pudo
ser extirpada.
Los heresiarcas (creadores de herejías) del Cristianismo tuvieron
otra suerte: algunas iglesias prosperaron y otras no. En algunos casos,
se trató de diferencias en la interpretación de los
libros sagrados, sobre la liturgia o sobre la misión de la
Iglesia. En otros, reformadores como Martín Lutero y Juan Calvino
se creyeron poseedores de una verdad superior a la católica.
Pero no fueron considerados dioses. Ni el mismo Mahoma o Sidharta
Gautama (Buda), fuera del cristianismo, pretendieron tener un carácter
divino. La originalidad del Cristianismo radica en que no tiene profetas,
porque reivindica su fundación por parte del mismo Dios hecho
hombre.
Las principales herejías de los primeros siglos del Cristianismo
niegan uno de los dos atributos de Jesús: dios u hombre. El
arrianismo, que tomó el nombre de Arrio, su fundador, negaba
la divinidad de Jesús. Tuvo mucha difusión en tiempos
de Constantino y parece que fue la fe que abrazó ese emperador.
Durante su reinado, se reúne el Concilio de Nicea, que define
por primera vez de modo detallado lo que se conoce como el Símbolo
Niceno, que es la oración del Credo, resumen de los dogmas
que todos los católicos deben aprender.
Las disensiones propias de los primeros tiempos de toda nueva religión
también afectaron al Islamismo. Según Albert Hourani,
en su Historia de los árabes, el Corán constituye el
Verbo de Alá así como Jesucristo es el Verbo del Dios
Padre. Es en esto que el Islam tiene más puntos de contacto
con el Judaísmo, pues la revelación es un Libro. El
dios de Mahoma se basa en el Yahvé de la Biblia; Jesús
es considerado como un profeta y cristianos y judíos son los
“Pueblos del Libro”; y como a tales se les concedía
una situación especial en las tierras que se iban conquistando
mediante la “guerra santa”.
Todo aquello que el Corán no contemple es tema de controversia,
como lo es la organización político-religiosa del Islam,
dificultad que surgió a la muerte de Mahoma. En vida del Profeta,
ya se había planteado la unidad de los poderes temporal y religioso.
El debate, entonces, se centró sobre la legalidad de los sucesores
de Mahoma. Así, surgieron los sunnitas y chiítas. Lo
sunnitas, la gran mayoría de la población musulmana,
defienden que el califa puede ser cualquier árabe de la tribu
de Quraish; mientras los chiítas descalifica a los sucesores
de Mahoma a partir de la muerte de su yerno Alí. A su vez,
se caracterizan por una interpretación esotérica del
Corán.
El Islam tiene también sus herejes contemporáneos. El
escritor Salman Rushdie, con su libro Los versos satánicos,
incurrió, según el ayatolah Khomeini, en blasfemia y
herejía, por lo cual dictó una fatwa decretando que
debía ser “asesinado donde se lo hallare”. Por
eso Rushdie vivió en la clandestinidad durante años.
Otro caso similar es el de Taslima Nasrin, librepensadora india y
defensora de los derechos de las mujeres. El Islam tampoco permite
la representación de Alá ni de su profeta. En el 2005,
cuando un diario danés publicó unas caricaturas de Mahoma,
un tribunal musulmán indio dictó una fatwa ordenando
asesinar al dibujante, pese a que ni él ni el director del
diario son musulmanes.
El rechazo por la representación de Dios que tiene el Islamismo
es retomado, por la herejía de Focio, patriarca de Constantinopla
en el siglo IX, que mandó destruir todas las imágenes
(iconos, en griego), incluso las de la Virgen y de los santos. Esta
herejía iconoclasta fue dominada y su consecuencia fue la contraria
de lo que intentaba: la extensión de la devoción a las
imágenes en la Iglesia Oriental es mucho más marcada
aún que en la Romana.
El límite entre herejía y ortodoxia no siempre está
muy claro. A mediados del siglo XI, la Iglesia Católica Ortodoxa
se escindió por poner en duda la primacía del obispo
de Roma por sobre los demás patriarcas, por diferencias idiomáticas
y disensiones teológicas. Es decir, el origen de otra iglesia
no fue una herejía.
Diferente es la situación de los protestantes. Desde los siglos
XIV y XV el debate se centró en los reclamos sociales, en la
Iglesia como institución y en la justificación del individuo
por la gracia o por las obras. Estas dudas teológicas sobre
la oposición “libre albedrío-predestinación”
son el origen de la reforma protestante y de las iglesias luterana
y calvinista, e incluso del movimiento jansenista surgido en la Francia
del siglo XVII, al que perteneció el matemático Blas
Pascal. Todas estas corrientes religiosas se centran en la imperfección
del hombre para alcanzar la salvación.
La multiplicación de las iglesias protestantes habla de la
disconformidad con las respuestas a las dudas planteadas y resulta
favorecida por la falta de una estructura jerárquica al estilo
de la católica, donde el disenso es rápidamente detectado
y minimizado. Otro ejemplo de esto es la Iglesia Anglicana, cuyo origen
es puramente disciplinario (el rey Enrique VIII se separó de
Roma al negarle el Papa el divorcio de Catalina de Aragón)
y que, al mantener su propia estructura jerarquizada, en la que la
cabeza de la iglesia es el rey de Inglaterra, no sufrió variaciones
en el dogma, muy similar al católico, desde su creación.