Año 1 / Edición N° 10 / ENERO /
 
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  OCEANOGRAFÍA
ALIENS del fondo del mar
En las profundidades submarinas existe una fauna casi desconocida, capaz de vivir a oscuras en aguas hirvientes y sin oxígeno. Cómo son las criaturas que viven en las chimeneas hidrotermales, a miles de metros bajo la superficie. El argentino que bajó al Titanic cuenta su experiencia en exclusiva.
Alejandra Folgarait | Fotos: ExploreTheAbyss/Peter Batson y NOAA. | Tapa: Martín Badía (arte digital). Producción: Sol Alegre. Foto: Rudy Hanak. Modelo: Cristian Vera.
 
CURIOSIDADES ABISMALES
  • El número de especies que habita el fondo de los océanos se estima entre 500.000 y 10.000.
  • Hay alrededor de 100.000 chimeneas hidrotermales.
  • 2/3 de los corales vive a 5 kilómetros de profundidad, en temperaturas muy frías. Pueden alcanzar los 35 metros de altura.
  • }Las criaturas del fondo del mar viven en absoluta oscuridad, suelen ser ciegas y blancas. Crecen lentamente y son longevas (superan los 30 años de vida).
  • Varios laboratorios científicos apuestan a obtener drogas anticancerígenas y antibióticos nuevos a partir las especies que viven en lugares extremos.
  • La pesca de fondo pone en peligro a muchas de las especies que habitan este mundo desconocido.
 
Con su característica “erre” de la traducción francesa al castellano, Jacques Custeau patentó de una vez y para siempre la expresión “profundidades submarinas”. Como un conjuro, bastaba escuchar esas dos palabras para sumergirse en un mítico lugar oceánico, bello y riesgoso, al que valía la pena conocer. Si bien el oceanógrafo francés fue uno de los primeros en hacer realidad a las legendarias bestias del fondo del mar, jamás hubiera imaginado lo que muestra NEO en estas páginas. Recién en los últimos 20 años los científicos han podido descender kilómetros, hasta alcanzar lugares que no tienen nada que envidiarle a Marte. Allí, donde lo único que aleteaba era el pavor, encontraron un mundo de criaturas bizarras y fascinantes.
En el fondo de algunos océanos se abren profundas fosas producidas por terremotos y sobresalen volcanes que escupen magma del centro de la Tierra. En esa caliente oscuridad –que se pensaba tan estéril como los helados polos– existe una fauna tan diversa y rara que todavía no ha recibido nombre científico.
Estas criaturas parecen provenir más del espacio exterior que del interior más hondo de la Tierra. Y aunque la teoría de los aliens está muy lejos de ser verdad, fue la que motivó al cineasta James Cameron (director de Titanic) a zambullirse en mini submarinos para filmar a los “extraterrestres” del fondo del Atlantico y del Pacífico. “Toda mi vida me pregunté qué había más allá del horizonte, y debajo de él”, confesó Cameron. “Cuando tuve la oportunidad de viajar al suelo oceánico para observar a las criaturas extraordinarias que pululan allí, y buscar las claves que podrían permitir la vida en otros planetas, no podía esperar para ir”. Junto con biólogos marinos y geofísicos de diversas universidades norteamericanas y científicos de la NASA, Cameron filmó la bizarra fauna que habita las chimeneas hidrotermales. De origen volcánico, estos agujeros rocosos exhalan plumas de agua híper caliente plagadas de compuestos químicos que surgen del interior de la Tierra. Como puede verse en la película Criaturas del abismo -que ya se consigue en DVD en la Argentina-, en esos ambientes donde se pasa del agua helada a temperaturas que derriten a un submarino, existen formas de vida extrema (cangrejos ciegos, gusanos tubulares, artrópodos fluorescentes, peces horripilantes, anémonas gigantes, pulpos con orejas, calamares transparentes y muchos otros misteriosos seres microscópicos) que bien podrían habitar subsuelos como los de otros planetas, aparentemente muertos.

Todos estos bichos se han acostumbrado a vivir sin Sol e incluso sin oxígeno. Para habitar los infiernos submarinos, procesan los elementos químicos –la mayoría, tóxicos para el ser humano- y los minerales que surgen del magma terráqueo en contacto con las corrientes oceánicas más frías, hasta que los transforman en energía y comida.
Esta fauna, denominada “bentoica” por la profundidad en la que habita, se ha transformado en una de las vedettes de la ciencia marina. ¿Por qué? Han demostrado que se puede vivir en condiciones extremas. Y que alcanza con que exista agua y ciertos elementos químicos para que la vida surja. Aquí, allá y en todas partes.
Cada vez más universidades crean programas e institutos dedicados a la investigación del océano profundo. El más veterano es el del NOAA (el organismo gubernamental de los Estados Unidos que se ocupa de la atmósfera y los océanos), que cuenta con barcos, submarinos y laboratorios propios. Su mayor desafío hoy es Aquarius, un laboratorio bajo el agua en la Florida que sirve como habitáculo permanente para los investigadores, mientras los huracanes no dispongan lo contrario.

Mientras tanto, sigue en pie la misión Revel 2005, integrada por docentes de escuelas primarias y secundarias de los Estados Unidos, que viajan cada año a las profundidades del Pacífico, allí donde humean las chimeneas volcánicas, se abren fosas abisales, como las Marianas, y emergen crestas montañosas, como la Dorsal del Este del Pacífico o la Juan de Fuca.

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