Año 1 / Edición N° 8 / NOVIEMBRE /
 
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¿Tiene password la mente de Dios?
El Premio Nobel Robert Aumann cree que sí. Es más: piensa que en la Torá se cifra el porvenir. La idea fue recogida por un best-seller que vaticina el fin del mundo para el 2006.
Por Alejandro Agostinelli.
 
El código moby dick
“Cuando mis críticos encuentren un mensaje sobre el asesinato del primer ministro israelí Rabin codificado en Moby Dick, les creeré”, desafió Michael Drosnin, autor de El Código de la Biblia. Recogió el guante Brendan McKay, de la Universidad Nacional Australiana en Canberra. Halló eso y más, “como lo haría en cualquier texto suficientemente extenso”.
 
El 10 de octubre pasado, el día que Real Academia Sueca de Ciencias entregaba el Premio Nobel de Economía a dos especialistas en Teoría del Juego, trascendía que uno de los ganadores, el matemático israelí-estadounidense Robert Aumann, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, apoyaba la existencia de un misterioso código cifrado en la Biblia. Por una vez, los noticieros se daban el gusto de poner la cortina musical de los Expedientes Secretos X en una ceremonia académica.
El reconocimiento público a un científico ejemplar que admite, sin temor a ser estigmatizado, sus creencias religiosas, suele ser motivo de sorpresa, como si la coexistencia de fe y ciencia fuera algo extraño en nuestra especie.
En este caso, lo inusual es que Aumann, un entusiasta judío ortodoxo, simpatiza con las investigaciones en torno al llamado Código de la Biblia, acaso uno de los intentos más audaces por conciliar el misticismo milenarista con las Matemáticas y la computación.
La polémica se origina en el artículo titulado “Secuencias de Letras Equidistantes en el Libro del Génesis” firmado por un grupo de científicos israelíes en la revista Statistical Science, en 1994. Allí, Doron Witztum, Yoav Rosenberg y Eliyahu Rips –buen amigo de Aumann– se propusieron descubrir si era posible confirmar la existencia de conceptos significativos analizando la proximidad de palabras relacionadas. Para probar su hipótesis analizaron la Torá (los cinco primeros libros de la Biblia, para los cristianos el Pentateuco) y aseguraron haber hallado “patrones significativos imposibles de atribuir a la casualidad”.
Los investigadores llamaron Secuencia de Letras Equidistantes (SLE) a “palabras formadas por letras separadas por el mismo número de otras letras entre ellas”. Por medio de un programa, representaron el texto hebreo original como una cadena de caracteres sin separación entre palabras, formando una espiral desplegada sobre la superficie de un cilindro. Variando la cantidad de letras por espiral y analizando en vertical, horizontal o diagonal las columnas de caracteres, “aparecían nombres y fechas relevantes en la historia israelita”. Así, hallaron los nombres de 32 rabinos y sus fechas de nacimiento y muerte. La singularidad estadística alentó una ilusión sobrecogedora: aquellos rabinos nacieron miles de años después de que fuera concebido el texto. Dios, cuya palabra se encarna en la Torá según la tradición, habría legado por escrito el futuro de la Humanidad. Ahora bien, ¿por qué Dios escribiría sus profecías en hebreo? Este pueblo es el elegido de Dios, según la religión judía. ¿Habría que ampliar la búsqueda de patrones similares en otros textos sagrados?
La polémica hubiera quedado como una mera curiosidad matemática si no fuera porque Michael Drosnin, un periodista del Washington Times, tropezó con la investigación de Rips y sus colegas. Entusiasmado, comenzó a buscar claves en la Torá hasta encontrar “el anuncio del asesinato del primer ministro de Israel, Itzhak Rabin”. Entrevistó a Eli Rips, coautor del famoso artículo, y descubrió que la Biblia se codifican Hitler, Hiroshima, el alunizaje y –lo más impactante- “absolutamente todo” lo que vendrá. Por ejemplo, vio el Holocausto Atómico. Hasta fijó una fecha: el año 2006. En 1997, publicó El Código Secreto de la Biblia. Un best-seller sólo superado por otro código, el de Da Vinci. En su secuela más reciente, Drosnin escribió que los atentados del 11-09-01 estaban inscriptos en la Biblia. Por desgracia, lo anunció cuando la tragedia había sucedido. Pregunta: ¿es Drosnin un charlatán? Rips fue lapidario: “El código no permite predecir sucesos futuros. No apoyo sus trabajos ni sus conclusiones”.
Habrá que esperar a que otro profeta revele el destino que Dios le tiene reservado a los mortales. Quién sabe, a lo mejor la simpatía que profesa el Premio Nobel Robert Aumann por el Código de la Biblia tiene que ver con una extraña dimensión lúdica.
     
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