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Los nuevos sitios de descarga legales y medidas judiciales duras son las armas que usarán las autoridades locales contra la piratería de mp3. ¿Podrán contra el download gratuito?
Por Ignacio Rivera | Fotos: Focus y CEDOC.
 
Fake you!. Por Julio López *

La RIAA (Asociación de la Industria Discográfica de los Estados Unidos) perdió el tren del nuevo milenio digital. Por eso, ve a las redes de intercambio de archivos en internet (P2P) como el gran enemigo. Primero las subestimaron, y ahora no sólo persiguen a las empresas que hacen posible el intercambio, sino también a los usuarios.
No son pocos los que creen que la RIAA está detrás de quienes inundan las redes de intercambio con archivos adulterados. A días del estreno de Matrix Reloadead, por ejemplo, era muy fácil encontrar la película gratis, pero el archivo estaba roto. La modalidad creció y tomó el nombre de fake (falsificación): consiste en inundar las redes de intercambio de falsos usuarios que comparten archivos inútiles.
Una de las empresas acusada ser un pope del fake es Overpeer, que ostenta un promedio de distribución mensual de 25 mil millones de downloads truchos.
Pero la operación fake no sería la única trinchera digital de las discográficas. Las malas lenguas aseguran que la RIAA reclutó a un grupo de hackers a sueldo, Gobbles Security, para hacer un virus que explota las vulnerabilidades de reproductores de MP3 e infectan todo: los archivos del pirata, los legales -protegidos por derechos de autor- y los de usuario, como grabaciones caseras.
De ser cierto, no parece un juego demasiado limpio de parte de los gigantes de la industria sonora. Mal estamos si su estrategia es apagar el fuego con más fuego, en lugar de incentivar a los compradores para que no sean tentados por la piratería.

* Experto en informática. Lo acusaron de hackear la página de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en 1998, pero fue sobreseído.

 
Más de 22 millones de CD por año. Esa es la cantidad de música que se descarga en la Argentina a través de redes digitales de intercambio de archivos (P2P). Mientras los usuarios disfrutan de este carnaval de download gratuito, en CAPIF (la cámara que nuclea a las discográficas locales) están que trinan porque ven cómo se les escurren más de 400 millones de dólares anuales de las manos. Ahora, para intentar detener la fiebre local de descargas que no pagan derechos de autor, amenazan con medidas judiciales. Si bien aún no está confirmada la fecha de implementación, NEO pudo saber que será antes de fin de año. “Descargar música de sistemas como Kazaa o BitTorrent es ilegal. Los uploaders (quienes suben archivos de música y funcionan como distribuidores) no tienen los derechos sobre las obras que están distribuyendo”, advierte Gabriel Salcedo, director ejecutivo de CAPIF.
Pero para no repetir los mismos papelones que la RIAA -su par en los Estados Unidos, que demandó a ancianos y adolescentes-, CAPIF irá tras los peces gordos del truchaje. ¿Cómo? “Usaremos procedimientos legales y técnicos que se usan en otros lugares”, dice Salcedo, misterioso.
Si bien las acciones de la RIAA fueron duramente criticadas, parecen haber logrado su cometido: meter miedo. Durante el primer semestre del 2005, las ventas en sitios autorizados –como iTunes, de Apple- aumentaron un 260% en el Primer Mundo, hasta alcanzar los 800 millones de dólares.
La movida de CAPIF contra los truchos está enmarcada dentro de una campaña más amplia en la que, por ejemplo, demandaron a Speedy, el servicio de banda ancha de Telefónica, por un aviso en el que proponían a los usuarios “bajar toda la música de la red”. Ambas partes siguen en mediación.
Pero más allá de las acciones policíacas, la mayor apuesta de la industria local está orientada a la creación de sitios legales y pagos de descarga de música. Distribuidora Belgrano Norte (DBN) y EPSA Music ya están trabajando para convertirse en las iTunes locales. Otras compañías, como Claxon, Infobae y Musimundo, también analizarían vender música virtual.
“Venderemos canciones sueltas a 3,5 pesos y CD enteros con un descuento de entre un 20% y 25% con respecto al precio del disco físico”, asegura Vicente Amorena, presidente de la compañía DBN.
La venta, que DBN espera lanzar antes de fin de año, se hará por medio de los sitios de las librerías Yenny y El Ateneo y del vendedor de electrodomésticos Dromo. DBN usará LabOne, una plataforma tecnológica homologada por las discográficas más grandes del mercado. “Eso quiere decir que vamos a tener la posibilidad de contar con toda la música digital que existe. Pero nuestro éxito dependerá de cómo se comporte la Justicia con la piratería”, dispara Amorena.
La opción de EPSA será similar. Utilizarán el mismo software y también comenzarán a vender en diciembre, mediante una asociación con un proveedor de banda ancha. Eso sí, aseguran que sus tracks serán un poco más baratos: 3 pesos.
“Si damos el mensaje de no bajar, tenemos que dar alternativas legales. Vamos a tener un período de educación que no va a ser corto, pero se va a seguir la tendencia mundial”, asegura Iván Talkowski, a cargo del proyecto digital de EPSA.
¿Correrán los usuarios locales a comprar música por internet? ¿Habrá realmente persecución a los grandes distribuidores truchos? ¿Querrá CAPIF dar golpes de efecto mediáticos con denuncias penales a usuarios particulares? Por ahora, la música sigue sonando.
     
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