A partir de la novela de Roald
Dahl, Tim Burton construyó un universo enteramente nuevo. Charlie
y la fábrica prometen cacao, risas y delirio. Es hora de deleitarse.
Ya
sabés: una imagen vale más que mil palabras.
Basta ver el anticipo de la película para confirmarlo.
Y si imaginación sobra, sólo queda tirar un
nombre: Tim Burton. Gracias al cielo, el genial director puso
color y fantasía el invierno. Esta vez con Charlie
y la fábrica de chocolate, la remake de Willy Wonka
y la fábrica de chocolate (1971), protagonizada por
Gene Wilder. Decir remake es casi un formalismo: tratándose
de Burton, nada puede ser versión de algo anterior
sino una historia única y original.
El guión de John August (el mismo de Big Fish) se basa
en la novela del genial escritor Roald Dahl, autor de Matilda
y James and the giant peach, entre otros cuentos infantiles.
El protagonista del film es Johnny Deep, su actor de cabecera,
Helena Bohan Carter (su mujer) y Freddie Highmore, el talentoso
nene de Descubriendo el País de Nunca Jamás.
La primera opción para interpretar al excéntrico
chocolatero, Willy Wonka, era Marylin Manson, pero finalmente
Depp se quedó con el papel. Le calza a la perfección:
si bien se comenta que se inspiró en el mismísimo
Manson para componer el personaje, el actor dice haber tomado
rasgos de Howard Hughes en su etapa de reclusión y
algo del glamour de las estrellas rocker de los ’70.
En esta historia, Wonka es un misterio, nadie lo vio; tampoco
a sus empleados. Hace 15 años que su fábrica
cerró las puertas al público y se convirtió
en el tesoro a descubrir por todo niño. Pero un día
el chocolatero freaky decide mostrar su secreto a los cinco
niños que encuentren el ticket dorado de Wonka escondido
en uno de los miles de chocolates a la venta.
Como en muchas pelis del director, más en la línea
de Big Fish, se construyen dos mundos: el real, frío
y gris, y otro diferente –escondido en la ciudad–
reservado a la maravilla de quienes se atrevan a visitarlo.
En este caso, los personajes de Burton encarnan estereotipos
tensados al extremo. Lo cual conduce a la identificación
o al rechazo, seguidos por la carcajada. En el afortunado
grupete de niños tenemos al gordo glotón, a
la malcriada que hace con sus padres lo que quiere, a la que
se destaca en todos los deportes –llena de trofeos y
campeona en mascada de chicle– y al superdotado niño
matemático que –tras un cálculo de probabilidades–
supo en qué chocolate venía el ticket. Personajes
reconocibles de la más tierna infancia y, por último,
Charlie; el nene de buen corazón, que era tan pero
tan pobre que sólo podía comprar una barrita
al año (y lo que es más triste: sólo
para su cumple).
Este es el equipo acompañado por sus respectivos padres
–bastante bizarros, por cierto– en una fábrica
comandada por el genial Willy Wonka, quien propondrá
la aventura más increíble de la cual saldrá
un único ganador, merecedor del gran premio.
No te van a alcanzar los ojos para ver todo lo que la fábrica
oculta. Imaginá todo un mundo de golosinas que no vale
describir porque es sorpresa. Un universo de belleza y colores
brillantes que evocan la psicodelia sesentista.
Y nada más: tan sólo avisar que la última
aventura de Burton es apta para los que se animan a compartir
una obra de delirio colectivo. E ir al cine dispuestos a disfrutar,
reir y soñar sin temor a que te acusen de haber perdido
uno que otro caramelo del frasco.
MÚSICA
KT TUNSTALL “EYE TO THE TELESCOPE”
Podría ser lectora de NEO: Tunstall ama a la ciencia y es muy
curiosa. Tunstall es hija de un físico, maestro y musa del título
del disco. Se nota la influencia de Bowie, Loud Reed y James
Brown. También, la del pop y el folk, potenciado por una interesante
destreza vocal y excelentes arreglos de cuerdas. Tunstall se
parece a otras. Pero KT o Katie podría ser la fusión explosiva
del rock de Alanis Morisette, la onda de Tori Amos o el estilo
de Amie Mann. Pero existe algo oculto en su voz. El disco, con
doce temas propios, recrea historias intimistas. Hay un costado
blusero latente que, si madura, se puede enriquecer. Un primer
disco que promete.
AMOS LEE
Es
un joven de 27 años que creció en Philadelphia que viene auspiciado
por los grandes. Fue telonero de Bob Dylan y B.B.King y Norah
Jones es su madrina. Ahora se lanza con un disco editado por
una colección de prestigio: Blue Note. Su voz, acompañada por
la guitarra acústica, se proyecta hacia las tierras del soul
y la influencia folk de John Prine. Los 11 temas del disco crean
una seductora atmósfera rythm and blues en temas como “Seen
it all before”, “Dreamin´” y la balada soul “Arms of a woman”.
¿El soul que se viene?
LIBROS
Combo feliz
La felicidad: un tema que adoran los vendedores
de píldoras mágicas. Aquí, tres maravillosas excepciones.
1.
El mito de la felicidad (Ediciones B) Gustavo Bueno. 387 Págs.
Buen tema para el fundador del materialismo filosófico.
Pocas veces el enciclopédico saber de Bueno estuvo al servicio
de tan apasionante causa: las respuestas literarias, científicas,
religiosas y populares a la Idea de la felicidad. Mientras el
autor desmenuza teorías y doctrinas, su pluma, clara y sorprendente,
se deja disfrutar. 2. Artes del buen vivir (Paidos) Roxana Kreimer. 231
Págs. La autora coordina en Buenos Aires el ciclo Café
Filosóficos para “reconstruir el puente entre la filosofía y
la sociedad”. El discurso del buen vivir –en la pareja, el trabajo,
la amistad– le adeuda mucho al conocimiento práctico derivado
de la reflexión sobre las infinitas texturas de la existencia.
Los claroscuros de la vida en conexión con la experiencia cotidiana
desde una perspectiva que reivindica el espíritu socrático. 3. Felicidad (Paidos) Eduardo Giannetti. 131 Págs.
Reúne cuatro debates sobre el bienestar de la civilización
entre público y autor, doctorado en economía y ciencias sociales
en las universidades de San Pablo y Cambridge. Una lectura de
alto vuelo.
FAUNA ARGENTINA
Dramas y Prodigios del Bicherío
El
ciervo de dos mundos, el carpincho, el yaguareté, el tuyuyú....
Todas criaturas que parecen emergidas de regiones fantásticas
pero, como viven acá a la vuelta, no las conocemos. Zoología
con rigor y humor. (Emecé) R. Rainer Cinti. 283 Págs.